A medida que avanzamos en 2026, el informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela una realidad alarmante: el mundo está muy lejos de cumplir con sus objetivos de salud global. Aunque hay mejoras en ciertos aspectos, estas son muy desiguales y excesivamente lentas, lo que pone en riesgo la salud y el bienestar de millones de personas. En comparación con las proyecciones optimistas de 2015, las cifras actuales reflejan un retroceso en la lucha contra enfermedades que alguna vez se consideraron podrían ser controladas o erradicadas. La situación es especialmente grave en regiones desfavorecidas, donde las crisis sanitarias se multiplican, dejando a muchos sin acceso a atención médica adecuada.
Uno de los datos más preocupantes del informe es el alarmante aumento de nuevos casos de VIH. En 2024, se registraron 1.3 millones de nuevos contagios, lo que ilustra la dificultad de alcanzar el objetivo de reducir la incidencia del VIH en un 90% para 2030. Esto es aún más desalentador dado que, antes de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ya había mejoras significativas, pero la situación actual pone de manifiesto que múltiples factores, incluidos recortes en la financiación y la desinformación, están impidiendo avances considerados y necesarios en la gestión del VIH.
Asimismo, la tuberculosis, una de las principales causas de muerte a nivel global, ha visto un incremento en los nuevos casos, marcando un 13% más desde 2020. Esto es un claro indicador de que las estrategias implementadas no están funcionando eficazmente. La resistencia a los tratamientos es un desafío creciente, complicando aún más los esfuerzos por contener la enfermedad. Los programas de salud pública necesitan ser revisados y mejorados drásticamente para abordar esta crisis, y el cambio de dirección en la inversión internacional es fundamental para revertir esta tendencia peligrosa.
En el ámbito de la salud infantil, la situación es igualmente preocupante. En 2024, alrededor de 42.8 millones de niños sufrían desnutrición, y las cifras de sobrepeso también han aumentado. Esta dualidad en la nutrición refleja un completo fallo de las políticas alimentarias y de salud pública. A pesar de las metas para reducir estas cifras a niveles más seguros, los resultados indican que las iniciativas actuales han sido inadecuadas. La falta de acceso a una alimentación adecuada y la desigualdad económica son problemas que exacerban esta crisis y ponen en riesgo el futuro de generaciones enteras.
Finalmente, la caída en las tasas de vacunación en América ha exacerbado el riesgo de brotes de enfermedades prevenibles, convirtiendo un retroceso en un potencial desastre sanitario. La pandemia de COVID-19 ha dejado profundas huellas en los sistemas de salud y ha causado muertes adicionales debido a la interrupción de los servicios de salud. Con 22.1 millones de muertes relacionadas con la pandemia, el impacto en la atención materna y en enfermedades no contagiosas se hace evidente, revelando fallas estructurales que necesitan urgentemente abordar los objetivos de salud a nivel mundial. Sin un cambio significativo y rápido, será casi imposible cumplir con las metas establecidas para 2030.










