La muerte de Mario Vargas Llosa, uno de los escritores más emblemáticos de la literatura en lengua española y laureado con el Premio Nobel de Literatura, ha dejado una profunda tristeza en el ámbito literario y cultural. A los 89 años, el autor peruano falleció en su hogar, rodeado de su familia, en un ambiente de paz, según un emotivo comunicado de sus hijos. Nacido en Arequipa el 28 de marzo de 1936, Vargas Llosa dedicó su vida a la escritura y la reflexión sobre la realidad social y política de América Latina, dejando así un legado que perdurará en el tiempo, resonando en las voces de futuras generaciones.
El impacto de su obra es incalculable, insertándolo de manera indiscutible como un pilar del llamado «Boom Latinoamericano». Títulos como «La ciudad y los perros», «Conversación en La Catedral» y «La fiesta del Chivo» son solo algunas manifestaciones del profundo análisis que realizó sobre las complejidades de la vida en su país y en el continente. Su estilo narrativo, cargado de simbolismo y un enjundioso examen de las estructuras sociales, ha marcado una era. El reconocimiento universal le llegó en 2010 con el Premio Nobel de Literatura, donde celebró el poder transformador de la literatura como un motor de libertad.
Más allá de su pluma, Vargas Llosa fue, además, una figura política de gran peso. Desde sus inicios como comunista hasta su reconversión al liberalismo, su inclinación por el debate y la política le otorgó una voz autoritaria en el contexto peruano. En 1990, se postula a la presidencia del Perú, representando la coalición de centroderecha Frente Democrático, lo que reavivó su interés por el libre mercado y las políticas de desarrollo. Su activismo se mantuvo vivo hasta poco antes de su fallecimiento, participando en conferencias y apoyando iniciativas que promovieran el pensamiento crítico y la libertad de expresión.
La familia Vargas Llosa ha decidido no realizar ceremonias públicas tras la muerte del autor, respondiendo a las instrucciones que él mismo dejó en vida. En un gesto que simboliza su deseo de intimidad durante este duelo, sus restos serán incinerados, y se buscará un espacio privado para despedirlo en compañía de sus seres más cercanos. Su hijo Álvaro, quien estuvo a su lado en los últimos días, reveló que a pesar de momentos de decaimiento, su padre se mantenía «superanimado». Esta disposición resalta el deseo familiar de mantener la solemnidad adecuadamente ante la pérdida de una figura tan trascendente.
En honor a su memoria, se llevaron a cabo actos simbólicos, como el realizado por alumnos del colegio militar Leoncio Prado en Callao, donde Vargas Llosa pasó parte de su juventud. Un grupo de cadetes formó sus iniciales mientras un dron sobrevolaba el recinto, evocando los primeros pasos del autor en el mundo de la literatura. Aquel lugar fue significativo, siendo el inicio de su carrera, donde plasmó sus primeros relatos y comenzó a forjar su identidad literaria. La figura de Mario Vargas Llosa, con su rica trayectoria y su legado, permanecerá viva en el corazón de lectores y escritores, y su influencia seguirá latente en la literatura contemporánea.










