Desde su estreno en 2016, ‘Stranger Things’ se ha consolidado como un fenómeno cultural que ha sabido construir su narración con una base sólida y personajes entrañables. Sin embargo, tras el lanzamiento del último episodio, muchos fanáticos se sienten decepcionados y confusos acerca de los agujeros de guion que dejaron un sabor amargo. Después de meses de anticipación y de promesas de un cierre épico, lo que la serie ofreció fue una batalla final contra Vecna y el Azotamentes que resultó ser insatisfactoria, acompañada de decisiones narrativas que no solo contradicen el desarrollo de la serie, sino que también desvirtúan la conexión establecida con los protagonistas a lo largo de sus cuatro temporadas. La sensación de que se apresuraron en las resoluciones es palpable y los sobrados comentarios de los hermanos Duffer no han hecho más que agravar la decepción.
Uno de los aspectos más criticados del final es la casi total ausencia de criaturas del Mundo del Revés, que históricamente habían jugado un papel clave en la dinámica de la serie. En lugar de una batalla épica que reuniera a las diversas amenazas, el clímax se reduce a un enfrentamiento entre un par de villanos, lo que resta peligrosidad y épica a la resolución final. Las explicaciones de los creadores, que justifican esta decisión al afirmar que Vecna no esperaba el ataque en su propio territorio, suenan poco convincentes y contradicen la rica historia que construyó la serie sobre la lucha contra el Azotamentes y su ejército de criaturas. Así, se percibe una desconexión entre el desarrollo narrativo y las decisiones finales, fundamentalmente insatisfactorias para los seguidores de la historia.
También es digno de mención el resquebrajamiento de la narrativa con respecto a la amenaza del gobierno. Durante toda la temporada, la intervención militar y científica se había erigido como un potente adversario, sin embargo, al concluir la serie, este conflicto se resuelve de forma abrupta y poco explicativa, como si el problema desapareciera de la noche a la mañana. Según los Duffer, la retirada del gobierno se facilitaría al no haber un objetivo evidente como Eleven a quien perseguir. Esta especie de «borrón y cuenta nueva» deja un sabor amargo en términos de consecuencias narrativas y no refleja el nivel de tensión que había alcanzado la serie. Los resultados, en este caso, parecieran más un intento de cerrar la trama que una continuidad orgánica del conflicto que se había desarrollado.
Otro punto crítico es el destino de Will, que se presenta como un hilo suelto después del evento culminante. A pesar de haber estado profundamente conectado al conflicto de la mente colmena y de la amenaza del Azotamentes, su historia no presenta consecuencias tangibles después de la derrota de ambos antagonistas. La respuesta de los Duffer considera que Will logró desvincularse del poder de Vecna fuera de la pantalla, una explicación que se siente superficial y que, en última instancia, traiciona la complejidad del personaje. Esta falta de desarrollo también se aplica al desenlace de Eleven, cuya partida se muestra como una solución fácil para el dilema principal, y no como un final dramático que resuene con la audiencia.
En conclusión, el desenlace de ‘Stranger Things’ no solo dejó a su base de fans con un gusto agridulce, sino que plantea interrogantes sobre la coherencia y la profundidad que caracterizaron a la serie a lo largo de los años. Más que un clímax satisfactorio, el final se siente como un desaire a la rica mitología construida en torno a Hawkins y sus habitantes. Al despojar a la narrativa de sus complejidades y sus intrincados conflictos, el resultado ha sido un final que no solo carece de la emoción prometida, sino que, a su vez, traiciona los elementos que hicieron de ‘Stranger Things’ un referente indiscutido en la cultura pop moderna.










