Cumbres borrascosas: Una relectura erótica que sorprende y provoca

La reciente película dirigida por Emerald Fennell, que presenta una nueva versión de 'Cumbres borrascosas', no se limita a ser una simple adaptación ...
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La reciente película dirigida por Emerald Fennell, que presenta una nueva versión de ‘Cumbres borrascosas’, no se limita a ser una simple adaptación del clásico de Emily Brontë. En lugar de ello, la cineasta ofrece una relectura audaz que transforma la tensión romántica original en un melodrama abiertamente erótico. El relato de 1847, conocido por su intensísima relación entre Cathy y Heathcliff, se convierte aquí en una exploración que resalta el deseo explícito y la pulsión desenfrenada, llevando el amor torturado de los personajes a un terreno completamente diferente.

En esta nueva interpretación, Margot Robbie encarna a una Cathy que parece casi mágica, capaz de rechazar a Heathcliff con una combinación de despecho y manipulación astuta. Por su parte, el actor Jacob Elordi presenta a un Heathcliff con una carga de energía primitiva que es imposible de ocultar. La conexión entre ambos personajes deja de ser sutil para transformarse en un choque frontal y constante, retirando el micromundo de la represión para arrojar luz sobre los peligros y placeres del deseo descontrolado. La angustia romántica, tan característica de la novela, es sustituida por el deslumbrante espectáculo de la pasión.

A medida que la trama avanza, Cathy, quien ahora está casada con Edgar Linton, comienza a cuestionar el rumbo de su relación con Heathcliff. En un giro inesperado de la narrativa, este le sugiere, casi en tono de broma, asesinar a Edgar para heredar su fortuna, un acontecimiento que no figura en la obra original. Este giro de la trama refleja cómo la película se distancia de la narrativa de Brontë, permitiendo que se desarrollen ideas y situaciones que, aunque fantásticas, no resultan del todo inverosímiles en el nuevo contexto narrativo.

En el aspecto visual, Emerald Fennell opta por una estética exageradamente sensual, donde la imaginería sexual penetra cada encuadre y escenario, enfatizando la idea de que la provocación predomina sobre una estricta fidelidad literaria. La película no escatima en esfuerzo por atraer la atención del espectador mediante un uso audaz de los elementos visuales y emocionales. Sin embargo, resulta frustrante que, a pesar de esta aproximación vibrante, la narrativa parece vacilar justo antes de alcanzar su clímax, coqueteando con el melodrama criminal y el horror sin cruzar completamente esa línea.

Finalmente, a pesar de su audacia y la inclinación de Fennell a desafiar las convenciones del material original, la historia retorna al territorio de la tragedia clásica. Tras haberse apartado tanto del espíritu de Brontë, la sensación es que la película tenía la oportunidad de ofrecer algo aún más original y retorcido. Se queda la impresión de que, al distanciarse marcadamente de la obra fundacional, la película podía haberse aventurado a un lugar más innovador e impactante, dejando a los espectadores con anhelos de una experiencia que bien podría haber sido más memorable.

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