En el marco de las elecciones municipales que se llevan a cabo este domingo 4 de octubre, Lima se encuentra en el centro de un intenso debate político, con la figura del ultraderechista Rafael López Aliaga, exalcalde de la capital peruana, liderando las encuestas. López Aliaga, quien se postula en la lista de Renovación Popular como primer regidor, se ha visto envuelto en una creciente controversia tras la renuncia de su predecesor, Luis Rubio, lo que permitió que el exalcalde asumiera el liderazgo de la candidatura. Esta maniobra ha sido criticada por expertos, quienes cuestionan la legalidad y ética de permitir que un exalcalde busque retomar su cargo a través de canales que algunos consideran poco claros.
Las encuestas más recientes muestran a López Aliaga como el claro favorito, con una intención de voto del 25%, seguido de cerca por Carlos Bruce de Somos Perú, quien cuenta con un 14%. Este escenario genera preocupación entre analistas y contendientes sobre la integridad de la elección municipal, especialmente ante la posibilidad de que López Aliaga asuma nuevamente la alcaldía de Lima. En un sistema que no contempla la segunda vuelta, la estrategia del exalcalde podría dar lugar a un rédito político cuestionable, intensificando las críticas sobre la ética de sus acciones.
La decisión del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) de validar la candidatura de López Aliaga ha suscitado una fuerte reacción. A pesar de las alegaciones de que su retorno al cargo podría ser el resultado de maniobras legales y renuncias estratégicas, el tribunal electoral determinó que su candidatura era válida. Sin embargo, esta decisión tuvo un voto en disidencia del magistrado Gonzales Barrón, quien advirtió respecto al riesgo de que un exalcalde retorne al poder mediante lo que se podría calificar de «testaferrismo» electoral. Para muchos, esta situación subraya la necesidad de reformas en el sistema electoral peruano.
En el cierre de campaña, tanto López Aliaga como su principal oponente, Carlos Bruce, trataron de fortalecer sus posiciones. Mientras López Aliaga afirmaba haber «limpiado» las finanzas del municipio durante su gestión anterior, Bruce insistió en que la situación económica del municipio es más crítica de lo que su rival afirma. Esta disparidad de posturas resuena entre los votantes, quienes buscan claridad sobre las cifras y la situación real de la administración municipal. La campaña ha estado marcada no solo por la retórica política, sino también por la preocupación por la seguridad de los candidatos, un tema que ha cobrado relevancia tras recientes actos de violencia en el entorno electoral.
A medida que la fecha de las elecciones se acerca, la incertidumbre persiste sobre el impacto de las variables políticas, legales y de seguridad en los resultados. La vulneración del deber de neutralidad por parte de funcionarios del gobierno también ha sumado a la complejidad del proceso electoral, lo que podría tener repercusiones internacionales. Con el contexto electoral al rojo vivo, lo que se espera es que los limeños se pronuncien en las urnas, decidiendo el futuro de su ciudad en un momento crucial, marcado por tensiones políticas y críticas a las prácticas electorales. De esta manera, los comicios no solo definirán los destinos políticos locales, sino que también pondrán a prueba la capacidad del sistema democrático frente a desafíos significativos.

