Hoy, pocos recuerdan el nombre de Paulino Uzcudun, a pesar de que en las décadas de 1920 y 1930 fue una celebridad mundial del boxeo. Conocido como «El leñador vasco», Uzcudun subió al cuadrilátero para enfrentarse a los mejores pesos pesados de su tiempo, como Max Baer, Joe Louis y Jack Sharkey. Su destreza y resistencia le permitieron mantenerse invicto durante la mayor parte de su carrera, hasta que se cruzó con Joe Louis en 1935, año en que su carrera ya empezaba a desvanecerse. Esta derrota, que tuvo lugar en el apogeo de la fama del estadounidense, marcó un punto de inflexión en la vida de Uzcudun, quien rápidamente se desvaneció en la memoria colectiva, eclipsado por el ascenso de otros grandes boxeadores y por la historia política de España.
Nacido en 1899 en Régil, Guipúzcoa, Paulino Uzcudun era el menor de una familia de labradores. En la convulsa época de entreguerras, encontró en el boxeo una vía de escape y decidió dejar su vida anterior, dedicándose por completo a este deporte, lo que en ese entonces era poco habitual para la clase trabajadora. Tras mudarse a Francia y prepararse con prestigiosos entrenadores, Uzcudun no tardó en hacerse un nombre, convirtiéndose en campeón de España y luego en campeón de Europa. Su éxito fue rápidamente utilizado por la dictadura de Primo de Rivera para fomentar valores patrióticos, convirtiéndolo en un héroe popular que encarnaba la masculinidad y el espíritu de la nación.
Durante la vibrante década de los años veinte, Estados Unidos se consolidó como el epicentro del boxeo, atrayendo a los mejores luchadores del mundo. Uzcudun encontró su lugar en este escenario, convirtiéndose en un símbolo de orgullo para la diáspora vasca, mientras se enfrentaba a los más destacados de la época. Aunque nunca llegó a conquistar el cinturón de campeón mundial, su fama y habilidades en el ring le otorgaron un estatus elevado tanto entre sus compatriotas como en la prensa. Sin embargo, su carrera coincidió con la intensificación del fascismo en Europa, lo que pronto llevaría su trayectoria deportiva a ser instrumentalizada para la propaganda política.
El auge de ideologías totalitarias como el fascismo y el nazismo no pasó desapercibido en el mundo del boxeo. Uzcudun se vio arrastrado a una serie de combates que trascienden lo deportivo, convirtiéndose en parte de una narrativa de propaganda política. Enfrentándose a rivales como el italiano Primo Carnera y el alemán Max Schmeling, sus peleas no solo fueron espectáculos deportivos, sino representaciones de luchas ideológicas entre democracias y regímenes totalitarios. A medida que su carrera avanzaba, también se fue acercando a la extrema derecha, alineándose con movimientos políticos que buscaron utilizar su imagen para sus propios fines, lo que complicó aún más su legado.
Después de la guerra civil española, Paulino Uzcudun encontró un nuevo rol adaptándose a la narrativa del franquismo, convirtiéndose en un modelo de padre de familia. Su vida en la finca familiar representaba un regreso a los valores tradicionales en un contexto de posguerra. Sin embargo, su estrellato se desvaneció y, a pesar de algunos homenajes posteriores, su contribución al boxeo y su conexión con el régimen franquista lo llevaron al olvido. A su muerte en 1985, Uzcudun se encontró relegado a la memoria de una España que comenzó a distanciarse de su pasado autoritario. Su vida es un recordatorio de que los atletas son más que competidores; son espejos de las complejidades de su tiempo.










