En las últimas semanas, Europa ha estado sufriendo una de las olas de calor más intensas en su historia reciente, llevando a las ciudades a registrar temperaturas récord. En Londres, por ejemplo, la temperatura alcanzó los 36.1 °C, lo que equivale a aproximadamente 97 °F, y se sintió aún más caluroso. Este aumento extremo de la temperatura no solo es un desafío para la vida cotidiana, sino que también plantea serias preocupaciones sobre su impacto en la salud mental y cognitiva de la población. Los científicos están comenzando a investigar cómo estas altas temperaturas afectan a nuestro cerebro, en particular a las personas más vulnerables, como niños y aquellos con trastornos de salud mental.
Numerosos estudios han demostrado que el calor no solo genera incomodidad física, sino que también puede afectar nuestras capacidades mentales. La psicóloga cognitiva Catherine Thompson, de la Universidad Liverpool Hope, ha estado investigando los efectos del calor extremo en los bomberos, quienes deben trabajar en condiciones intensas. Sus hallazgos revelaron que, después de solo 15 minutos de exposición a altas temperaturas, estos profesionales tenían serias dificultades para concentrarse. Aunque sus habilidades cognitivas regresaban a la normalidad tras periodos breves de enfriamiento, los efectos de olas de calor prolongadas en la población general aún son inciertos y requieren más investigación.
El impacto del calor en la salud mental es especialmente grave para aquellas personas que ya sufren trastornos, como la esquizofrenia, que demostraron ser tres veces más propensas a morir durante la ola de calor que azotó Canadá en 2021. La Dra. Emma Lawrence, de la Universidad de Oxford, ha estado revisando la literatura sobre este tema y encontró que, durante olas de calor, las tasas de ingresos hospitalarios por problemas de salud mental aumentaron un 9.7%. Además, la investigación indica que las olas de calor tienen un correlato negativo en la salud mental, donde a medida que las temperaturas suben, la salud mental de la población se deteriora.
Los niños son particularmente vulnerables a los efectos del calor extremo. Un estudio reciente muestra un aumento significativo en la tasa de suicidios entre los jóvenes de 15 a 24 años, correlacionado con incrementos en la temperatura promedio mensual. Esto es preocupante ya que evidencia sugiere que la exposición temprana al calor no solo afecta la salud mental inmediata, sino que también puede tener implicaciones a largo plazo en el desarrollo cerebral. Lawrence apunta a que la materia blanca de los cerebros de los bebés expuestos a temperaturas extremas podría estar alterada años después, lo que resalta la necesidad urgente de estudiar cómo el cambio climático está afectando a las futuras generaciones.
La intersección entre el cambio climático y la salud mental es un tema que se vuelve cada vez más relevante a medida que las olas de calor se vuelven más comunes. La Dra. Lawrence enfatiza que se espera que los niños nacidos en 2020 vivan aproximadamente siete veces más olas de calor que sus abuelos, lo cual presenta un desafío que no se puede ignorar. Es esencial que gobiernos y comunidades se unan para abordar estos problemas y desarrollar estrategias que protejan a los más vulnerables frente a las altas temperaturas. Comprender cómo el calor afecta a nuestros cerebros es más que una curiosidad científica; es un imperativo social en un mundo en calentamiento.









