La emergencia de la inteligencia artificial generativa ha revolucionado la forma en que interactuamos con la tecnología, al replicar funciones cognitivas que, hasta ahora, se consideraban reservadas exclusivamente a los seres humanos. Sin embargo, este avance nos lleva a olvidar que, detrás de estas sofisticadas herramientas, hay una construcción social que no es, ni objetiva ni neutral. En lugar de servir como un nivelador de oportunidades, la inteligencia artificial puede perpetuar y, en algunos casos, aumentar las desigualdades que afectan a grupos históricamente discriminados, reproduciendo los sesgos y prejuicios de quienes la desarrollan y programan.
En este contexto de polarización social, se plantea la cuestión sobre si la juventud es consciente de estas desviaciones inherentes a la inteligencia artificial. Un reciente estudio realizado por el Parque de las Ciencias de Andalucía y la Universidad de Granada ha examinado la percepción de los estudiantes de educación secundaria sobre las desigualdades que puede generar esta tecnología. Los resultados revelan una percepción media-alta de los sesgos implícitos en la inteligencia artificial, pero con notables diferencias de género: las chicas tienden a percibir menos sesgos en comparación con sus compañeros varones, especialmente en lo que respecta a prejuicios de género y etnia.
Los hallazgos del estudio subrayan la necesidad de una mayor concienciación en torno a los sesgos de la inteligencia artificial y su impacto en distintas dimensiones sociales. Los alumnos de bachillerato, en particular, mostraron menos conciencia sobre los sesgos relacionados con la procedencia, la edad, la economía y la diversidad funcional en comparación con su contraparte en educación secundaria y formación profesional. Esto pone de manifiesto la urgencia de integrar la educación crítica y ética de la inteligencia artificial dentro del currículo académico, ya que actualmente es una materia que no se aborda de forma obligatoria en el sistema educativo.
A pesar de la importancia de la dimensión ética en la utilización de la inteligencia artificial, los jóvenes parecen obtener la mayor parte de su información de medios de comunicación y series de ficción, lo que puede resultar en percepciones distorsionadas. Investigaciones sugieren que a los estudiantes les preocupa más la posible pérdida de empleo que los riesgos asociados a sesgos discriminatorios y control social que podría implicar la IA. Los estudios muestran una percepción optimista entre la juventud hacia la inteligencia artificial, viéndola como una herramienta imparcial y justa, lo que indica una falta de comprensión y consideración de los retos éticos que presenta esta tecnología.
Frente a la ignorancia de la dimensión ética de la inteligencia artificial, surge una corriente académica que promueve su implementación efectiva y segura en el ámbito educativo. Los desafíos identificados incluyen una comprensión limitada de los docentes sobre los sesgos de la IA y la falta de formación específica para abordar sus aspectos éticos. Sin embargo, el potencial de la inteligencia artificial para transformar la educación es innegable, desde la personalización del aprendizaje hasta el uso de tecnologías avanzadas como la realidad aumentada y la gamificación. Para que estas herramientas beneficien a la comunidad educativa, es fundamental ofrecer una formación que incluya no solo el aspecto técnico, sino también una profunda reflexión sobre las implicaciones sociales y éticas de su aplicación.










