IA y la riqueza compartida: ¿Un futuro prometedor para EE.UU.?

La promesa del CEO de OpenAI, Sam Altman, de que los estadounidenses compartan la riqueza generada por la inteligencia artificial (IA) ha resurgido en ...
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La promesa del CEO de OpenAI, Sam Altman, de que los estadounidenses compartan la riqueza generada por la inteligencia artificial (IA) ha resurgido en el debate público, especialmente tras las recientes conversaciones entre el líder de OpenAI y el presidente Trump. Según un informe del Financial Times, Altman está considerando la posibilidad de otorgar al gobierno estadounidense una participación del 5% en OpenAI. Esta idea no es nueva, ya que Altman ha manifestado su intención de establecer mecanismos de compensación para la población en los últimos años, pero ha cobrado una relevancia significativa debido al contexto político actual y la creciente presión sobre las empresas tecnológicas por parte del público.

El plan inicial de Altman se publicó en 2021 y era más radical, proponiendo que todas las grandes empresas, no solo aquellas dedicadas a la IA, contribuyan con un 2.5% de su valor de mercado anualmente a un fondo que beneficiaría a los estadounidenses. Sin embargo, la propuesta actual que se discute con Trump es más limitada y se alinea con otros esfuerzos políticos, como la propuesta del senador Bernie Sanders que busca dar a la ciudadanía una participación del 50% en las grandes empresas de IA. La noción de compartir la riqueza generada por la IA resuena en un contexto donde la desigualdad económica y el futuro del trabajo están en el centro del debate público.

La lógica detrás de estas propuestas radica en dos argumentos fundamentales. Primero, la IA se desarrolla a partir de la creatividad y el esfuerzo humano, utilizando datos y obras creadas por personas, y sin ofrecer una compensación adecuada a los creativos. Proporcionar a los estadounidenses una participación en la riqueza generada por la IA podría interpretarse como un pago tardío a aquellos cuyos trabajos han sido utilizados por estas tecnologías. En segundo lugar, existe una necesidad palpable de mitigar la ansiedad en torno al desplazamiento laboral que la IA podría provocar. Los pagos podrían servir como una red de seguridad financiera para aquellos que podrían ver amenazados sus empleos por la automatización.

A pesar de que los detalles de la propuesta son escasos, una contribución del 5% de OpenAI podría traducirse en decenas de miles de millones de dólares. Con la empresa valorada en aproximadamente 852 mil millones de dólares, esto representa una cantidad significativa que podría distribuirse entre los hogares estadounidenses, sumando unos 320 dólares por hogar. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la forma en que se manejarían estos fondos podría diferir; en lugar de entregarse directamente a los ciudadanos, podrían invertirse y generar rendimientos a largo plazo, ofreciendo un pago más sustancial en el futuro, si OpenAI comienza a ser rentable.

La motivación detrás de estas iniciativas va más allá de la simple distribución de riqueza. Altman busca mejorar la imagen de las empresas de IA en un contexto en el que muchas personas desconfían del uso responsable de estas tecnologías. La administración Trump ha estado involucrada en acuerdos tecnológicos previos, lo que sugiere que Altman podría estar buscando establecer relaciones favorables que ayuden a su empresa a manejar las normativas y a competir globalmente. Sin embargo, por el momento, estas propuestas son más un discurso que una política formal, y aunque ilusionan a muchos, el camino hacia su materialización sigue siendo incierto.

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