El escándalo en Sausalito tuvo como epicentro un partido de fútbol que prometía ser emocionante, pero se tornó en un tumulto incontrolable cuando los hinchas de Everton y Universidad de Chile desataron una serie de incidentes violentos. En el minuto 82, con el marcador a favor de los azules gracias al tanto de Juan Martín Lucero, la atmósfera en el estadio cambió drásticamente. El lanzamiento de fuegos artificiales y bengalas desde ambas barras no solo interrumpió el juego, sino que también puso en grave peligro la seguridad de los futbolistas y los aficionados que se encontraban en las gradas.
El peligro se desató durante un tiro de esquina a favor de Universidad de Chile, cuando un grupo de su hinchada lanzó fuegos pirotécnicos que cruzaron el campo. Este acto irresponsable fue rápidamente seguido por bengalas lanzadas por los aficionados de Everton, creando una situación caótica. A pesar de que no se reportaron heridos, la respuesta de los cuerpos de seguridad y del árbitro Piero Maza fue contundente, optando por evacuar automáticamente a todos los involucrados del terreno de juego para salvaguardar la integridad de los jugadores y del público.
Con el partido interrumpido, Piero Maza tomó la decisión de suspender el encuentro, haciendo eco de las recomendaciones de Carabineros y la Delegación Presidencial de la Quinta Región. Durante una reunión posterior a los incidentes, se discutió la viabilidad de continuar con el juego, pero las condiciones de seguridad fueron consideradas insuficientes. La desición de Maza reflejó la gravedad del momento, ya que expresó que había riesgo para todos los presentes, lo que ilustra la urgencia con que se debió actuar ante un escenario descontrolado.
Los espectadores en las gradas reaccionaron de diversas maneras ante la suspensión del partido. Mientras algunos comenzaban a abandonar las instalaciones, en particular en los sectores más alejados de las barras, el área designada para los aficionados de Universidad de Chile permaneció bajo vigilancia intensa de Carabineros. Esta situación desnudó las tensiones que a menudo emergen en los encuentros de alta rivalidad, donde la pasión puede desbordarse y transformarse en violencia.
Este incidente enfatiza la necesidad de replantear las medidas de seguridad en los estadios chilenos, así como la responsabilidad de las hinchadas por mantener la deportividad. La suspensión del partido entre Everton y Universidad de Chile no solo ha dejado huella en el desenlace de la Copa Chile, sino que también plantea un debate sobre la cultura del fútbol en el país y la importancia de garantizar un ambiente seguro para todos los aficionados. Las consecuencias de este escándalo podrían tener repercusiones a largo plazo, tanto para los clubes involucrados como para la organización de futuras competiciones.










