La historia de la calabaza tallada, conocida como jack-o’-lantern, ha fascinado durante años a personas de todas las edades, convirtiéndose en un símbolo icónico de Halloween. Originalmente, estas lámparas de vegetales se asociaban con la figura legendaria de Stingy Jack en Irlanda, quien fue condenado a vagar eternamente por la tierra. Tallando un nabo ahuecado para colocar dentro una brasa, Jack se convirtió en la personificación de la festividad de recordar a los muertos. Sin embargo, este ritual ancestral no siempre se centró en las calabazas, sino que su evolución llegó con la migración irlandesa y cambios significativos en la agricultura y la disponibilidad de productos en América.
La tradición de Samhain, un antiguo festival celta, jugó un papel crucial en el establecimiento de las prácticas modernas de Halloween. Este festival, que celebraba el final de la temporada de cosecha y el comienzo del invierno, permitía una conexión entre el mundo de los vivos y los muertos. Para protegerse de los espíritus malignos, las familias irlandesas colocaban lámparas de nabo en puertas y ventanas. Con el tiempo, esta práctica se fue transformando, y con la llegada de los irlandeses a América, se encontró un nuevo y abundante vegetal que cambiaría el futuro de la celebración: la calabaza.
La Gran Hambruna Irlandesa de 1845, desencadenada por el oomiceto Phytophthora infestans, resultó en la muerte y emigración de millones de personas. Esta crisis devastadora llevó a muchos irlandeses a buscar nuevas vidas en Estados Unidos. Sin embargo, esta migración tuvo consecuencias importantes para sus tradiciones culturales. La escasez de nabos en su nuevo hogar significó que las calabazas, por su tamaño y facilidad para tallar, se convirtieron en el nuevo estándar para la celebración de Halloween, marcando un cambio cultural significativo en la forma en que se conmemoran estas fechas.
La adaptación de las calabazas en lugar de los nabos, fue solo el primer paso en la transformación del jack-o’-lantern. En Estados Unidos, las calabazas talladas no solo simbolizaban la protección contra Jack y otros espíritus errantes, sino que también comenzaron a representar el espíritu festivo de una celebración más centrada en la diversión y la comunidad. Los colores vibrantes y la versatilidad de las calabazas hicieron que se integraran en la decoración de Halloween, evolucionando con el tiempo en sencillos íconos festivos que ahora adornan casas durante todo el mes de octubre.
Sin embargo, la popularidad de las calabazas y su uso como jack-o’-lanterns viene acompañada de advertencias. Según un estudio reciente de 2006 en Irlanda del Norte, las calabazas talladas pueden ser un caldo de cultivo para microorganismos peligrosos. Los hongos pueden desarrollarse rápidamente, especialmente en condiciones húmedas y cálidas, constituyendo un riesgo para la salud, sobre todo en individuos inmunocomprometidos. Por ello, se recomienda a quienes celebran Halloween que revisen regularmente sus calabazas y las desechen al primer signo de deterioro, brindando una mezcla de alegría y precaución a una celebración que sigue evolucionando a lo largo de los años.










