El canciller Francisco Pérez Mackenna se encontró en una situación tensa en la Cámara de Diputados, enfrentando una interpelación demandada por la oposición. Junto a él, los ministros Claudio Alvarado (Interior y Segegob), Fernando Barros (Defensa) y Mónica Rincón (Energía) dieron la bienvenida al desafío político, aunque todos los ojos estaban centrados en Pérez Mackenna, quien representaba al gobierno del presidente José Antonio Kast. Con el diputado socialista Nelson Venegas liderando el cuestionario, la interpelación marcaba un hito, siendo la primera desde 2005 en que un canciller se sentaba en el banquillo por la exigencia del Congreso.
Desde el inicio del cuestionario, Venegas utilizó su mano para enfatizar sus puntos, intercalando preguntas incisivas y referencias a publicaciones de redes sociales, incluyendo comentarios de líderes internacionales, como Donald Trump. Esta estrategia retadora fue diseñada para presionar a Pérez Mackenna sobre asuntos sensibles relacionados con la política exterior chilena. La controversia giró en torno a las declaraciones del embajador estadounidense en Chile, Brandon Judd, quien había hablado sobre la Doctrina Monroe y las características ideológicas de ciertos grupos en el estallido social del 2019.
Pérez Mackenna, consciente de la carga de la interpelación, optó por un enfoque cauteloso en sus respuestas. Reiteró que la política chilena es determinada por los chilenos, afirmando que la soberanía del país era incuestionable y que ningún embajador extranjero debería injerirse en los asuntos internos. Su defensa de la autonomía nacional fue aplaudida por los miembros del oficialismo, mientras que los momentos de tensión y discusión en la sala se multiplicaban, requiriendo la intervención del presidente de la Cámara, Jorge Alessandri, para mantener el orden.
El diálogo se tornó aún más polémico cuando Venegas cuestionó la decisión del gobierno de adhierir al Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por Trump. La conversación giró hacia cómo estas acciones impactan la soberanía de Chile y los aranceles impuestos a valores exportados entre ambos países. Pérez Mackenna defendió el acuerdo, argumentando que Chile siempre estará dispuesto a colaborar con naciones que ayuden en la lucha contra el crimen organizado, aunque subrayó que el acuerdo no era vinculante, lo que dejaba espacio para la soberanía chilena.
La interpelación culminó con un fuerte llamado por parte de Venegas a la renuncia del canciller, sugiriendo que carecía de las calificaciones necesarias para el puesto. En respuesta, Pérez Mackenna reafirmó su posición, indicando que no era Venegas quien dictaba las decisiones del gobierno. Este cruce final dejó claro el conflicto no solo entre los partidos, sino también sobre la dirección política y la estrategia internacional de Chile bajo el gobierno de Kast, dejando un escenario político tenso y lleno de interrogantes.

