El aniversario de veinte años sin una Comisión Nacional de Bioética en Chile ha levantado voces críticas sobre la necesidad de institucionalizar un espacio de deliberación sobre los dilemas éticos en el ámbito de la salud. Creada en 2006, esta Comisión fue concebida como un recurso fundamental para enfrentar los desafíos bioéticos que surgen en la atención de la salud. Sin embargo, dos décadas después, estos desafíos siguen presentes y han cobrado mayor complejidad, especialmente tras la vivencia de la pandemia, donde la toma de decisiones rápidas y justas ha sido crucial.
La pandemia nos enseñó que la bioética no es un tema estructuralmente secundario, sino que debe ser parte integral de la política pública. Durante la crisis sanitaria, se enfrentaron decisiones difíciles sobre la distribución de recursos limitados como vacunas y camas críticas. La falta de una Comisión ha llevado a que estas decisiones se tomen en medio de una gran incertidumbre y presión, dejando la responsabilidad sobre la ética de las decisiones a las autoridades políticas y sanitarias sin un marco de referencia claro.
Además, el avance de la tecnología, como el uso de algoritmos y la inteligencia artificial en decisiones clínicas, ha complicado aún más el panorama. Estas herramientas, si bien útiles, pueden introducir sesgos y deshumanización en la atención médica. Una Comisión Nacional de Bioética podría proporcionar un espacio para discutir cómo implementar estas tecnologías de manera que respeten la dignidad humana y fomenten equidad, asegurando que la voz de diversos sectores de la sociedad sea escuchada.
No basta con crear una Comisión; se requiere un compromiso serio y sistemático de incluir la bioética como una política de Estado. Esto implica establecer mecanismos para que las discusiones bioéticas no sean reactivas, sino que se anticipen a los problemas, ofreciendo un enfoque más reflexivo y planificado. Este cambio de paradigma podría ser clave para enfrentar los desafíos futuros y para aprender de las experiencias pasadas, evitando la improvisación que ha caracterizado a la gestión de la bioética en las últimas dos décadas.
Por lo tanto, el llamado a reinstaurar la Comisión Nacional de Bioética va más allá de una necesidad institucional; se trata de construir un espacio de deliberación que promueva un debate informado y ético, que sirva como guía en decisiones que impactan a la sociedad en su conjunto. Con el acumulado de preguntas y dilemas éticos que se han manifestado en este tiempo, es imperativo que Chile cuente con una brújula institucional en bioética que permita orientar la política pública hacia un futuro más justo y humano.










