La película ‘Obsession’ de Curry Barker ha hecho ruido en la industria cinematográfica no solo por su éxito comercial, sino también por las controversias que ha generado tras su visualización. Es innegable que la ópera prima cuenta con elementos cautivadores, desde una dirección hábil hasta actuaciones memorables que mantienen al público al borde de sus asientos. Sin embargo, tras ver la película en dos ocasiones, he llegado a la conclusión de que subyace un trasfondo misógino que limita la experiencia de visualización, convirtiendo lo que podría ser un excelente ejercicio de crítica social en un relato que favorece ciertos estereotipos perjudiciales. Esta mezcla de elementos, aunque entretenida, desencadena una tensión que no puede ignorarse.
Cuando observamos ‘Obsession’ desde su contexto como un debut, es fácil perderse en los giros de su narrativa y en el ingenio de su mezcla de géneros. Aunque hay un notable despliegue técnico y un uso inteligente del humor negro, esos logros se ven empañados por una gestión confusa del punto de vista de la historia. A medida que se desarrolla la trama, la historia se sitúa en el lado del perpetrador, Bear, quien perpetúa una serie de abusos hacia Nikki, la protagonista. En lugar de criticar estos comportamientos tóxicos, la narrativa parece crear una cierta empatía hacia Bear, representándolo como un hombre víctima de sus propios deseos descontrolados.
Los problemas se agravan debido a la forma en que se presenta la experiencia de Nikki, quien, a lo largo de la película, se convierte en un objeto de sufrimiento y violencia. El ángulo desde el cual la película narra la historia no solo minimiza su dolor, sino que también ayuda a perpetuar la noción de que su sufrimiento es un medio para avivar la narrativa del héroe caído. En un giro irónico, Bear es mostrado en situaciones que buscan ganar la simpatía del público, como la muerte de su gato, mientras que Nikki enfrenta un viaje doloroso del que emerge no como una sobreviviente, sino como un ‘monstruo’ culpable de la locura de su enamoramiento forzado.
La brutalidad de la representación de Nikki no termina ahí. A lo largo de la película, su sufrimiento culmina en una escena final que literalmente sacrifica su humanidad. El director, Curry Barker, ha dejado en claro que el futuro de Nikki es sombrío, al indicar que es probable que enfrente la cárcel después del desenlace trágico de los personajes a su alrededor. Esta conclusión plantea cuestiones sobre la justicia y la percepción de los roles de género dentro de la narrativa: mientras Bear puede sufrir, Nikki queda atrapada en un ciclo de abuso y violencia, convirtiéndose en una víctima que no recibe el alivio ni la redención que merece.
Por lo tanto, aunque ‘Obsession’ pueda considerarse un éxito en términos de taquilla y entretenimiento, el mensaje que transmite sobre las dinámicas de poder entre géneros y la representación de la mujer es desconcertante, incluso preocupante. ¿Realmente se está abordando la problemática del ‘male entitlement’, o se está perpetuando un ciclo en el que el sufrimiento femenino es utilizado como un recurso narrativo para explorar las inseguridades masculinas? Estas preguntas quedan pendiendo en el aire, recordándonos que las experiencias de las mujeres en el cine no deberían ser meras herramientas para contar historias sobre hombres, sino narrativas en su propia dimensión que demanden respeto y justicia.







