Muchos creen que el primer perro actor de la historia fue Rin Tin Tin, un colmillo de Hollywood que deslumbró durante la década de 1920 y cuya presencia en 27 películas lo elevó al estrellato. Su muerte en 1932 conmocionó a toda la industria cinematográfica, que lloró la partida de un auténtico ícono canino. Sin embargo, existió un perro más antiguo en la pantalla que reivindica un lugar en la historia del cine: Blair, protagonista de la película de 1905, «Rescued by Rover», filmada por Lewin Fizhamon y Cecil Hepworth. Este corto de seis minutos, aunque hoy poco recordado, fue un verdadero pionero que pasó desapercibido ante el fulgor de otras producciones más tardías.
Lewin Fizhamon, un director británico que filmó más de 400 películas a lo largo de su carrera, encontró en 1905 su gran oportunidad con «Rescued by Rover». Co-dirigida por Hepworth, este filme se destacó no solo por su trama sencilla pero efectiva, sobre un perro collie que salva a un niño de un secuestrador, sino también por su innovador uso del lenguaje cinematográfico. A través de un montaje ingenioso y una narrativa cautivadora, el cortometraje capturó la atención del público, consolidando la figura del perro Blair como una de las primeras estrellas caninas del cine, precediendo con mucho a nombres como Rin Tin Tin.
Una de las sorpresas más grandes tras el estreno de «Rescued by Rover» fue el fenómeno de taquilla que se desató. Hepworth, al no anticipar ese éxito, se vio obligado a hacer 400 copias, vendidas a 8 libras cada una. La demanda se disparó, tanto que el negativo original llegó a romperse en varias ocasiones. Este inconveniente llevó a Hepworth a regrabar la película plano por plano en un intento por satisfacer a los cines. A medida que las proyecciones se multiplicaban, la película se volvió un pasatiempo familiar, donde también participaron la esposa e hijo de Hepworth, estableciendo así una conexión que sería un precursor de lo que veríamos décadas después en el cine familiar.
La simplicidad de la narrativa de «Rescued by Rover» se tradujo en un pequeño fenómeno cultural que dio lugar a un auge en las películas caninas antes de que surgieran emblemáticas figuras como Lassie. Blair, el collie, se convirtió en un símbolo de la época, participando en otras producciones como «Rover drives a car», donde el perro se mostraba al volante, un concepto digno de admiración que dejó a los críticos de la época especulando sobre el futuro protagonismo de otros animales en la pantalla. El éxito de Blair fue tal que incluso se pensó en dar oportunidad a otros animales, convirtiendo al perro en la estrella indiscutible del cine de la época.
La vida de Blair culminó en 1914, dejando un legado que rápidamente se desvaneció en el olvido. Sin embargo, su impacto no debería ser subestimado, ya que fue el primer animal en interpretar un papel independiente en una película, estableciendo un precedente importante para los artistas caninos que le siguieron. La prensa de la época lo recordaba como un héroe y una figura entrañable que dejó huella en la historia del cine. En un año donde se anticipan nuevas producciones caninas, es propicio recordar a Blair, un buen chico que abrió la puerta a que los perros se convirtieran en las estrellas a las que hoy admiramos en la gran pantalla.









